Love among the laundry

¡Os reto! ¡A ver si dáis con la última palabra de la historia!

When Sally found a man's striped sock curled among her clean clothes at the local launderette she returned it to the tall dark man with a shy smile. They met there every week for several months, then were seen no more. One of their wedding presents had been a ____________________.


(From the mini-saga competition organised by the Telegraph newspaper)

THE RIVER

Estoy haciendo un curso titulado "The Short Story in English". El otro día hablamos de los cuentos cortos en forma de canción, y cuando la profe preguntó qué cuentos hechos canción conocíamos, alguien dijo "The River, of course!". De verdad, no sabéis la cantidad de canciones en inglés que oímos pero no escuchamos. Y creo que, después de hablar de bodas, viene a cuento que la ponga aquí. A disfrutar.

Sí, os quiero

¡He vuelto! Me creeré eso que me decís de "yo leo tu blog, pero nunca te dejo ningún comentario", porque parece ser que no entendéis q sin comentarios la cosa no tiene gracia.

He intentado varias veces crear una entrada en las últimas semanas. Quería escribir sobre la final de la Champions, sobre alguna serie de dudosa reputación, sobre la expulsión injusta de un triunfito que me cayó en gracia o sobre la alcohólica verbena de san juan. Pero cuando me sentaba a escribir no me salían las palabras, y eso me ofusca y me hace poner de mala leche, así que he dedicado mis ratos libres a "morenear", sin conseguirlo,y poniéndome de más mala leche todavía. Conclusión: intentaré escribir y que salga lo que salga.

Quiero hablar de bodas. Oh, sí, la boda, esa extraña palabra que nos provoca risa y urticaria durante años hasta que de repente cumples 28 y empiezan a casarse todos tus amigos. Cuando alguien te dice "me caso", lo primero que piensas, mucho antes del "felicidades, cuánto me alegro" es "mierda, tengo que comprarme un vestido" y esa pasa a ser la mayor de tus preocupaciones hasta que consigues encontrar algo que te guste, que no te haga demasiado gorda ni demasiado flaca, ni demasiado baja ni demasiado alta, que vista pero que no se pase y, a ser posible, que te lo puedas poner en alguna otra ocasión. Si además Dios no te bendijo con algunos centímetros de más, deberás enfrentarte al duro trance de pagar una pasta para torturarte durante largas horas con unos tacones que (con suerte) no volverás a llevar, almenos hasta la próxima boda (siempre que te combinen con el otro vestido, porque, evidentemente, NO PUEDES REPETIR). Después está el chal, esa prenda tan inútil como cara que nunca sabes cómo llevar porque, reconozcámoslo ya, te sobra desde el mismo momento en que sales por la puerta de tu casa. Y además, ¿quién puso de moda esos bolsos microscópicos para ceremonias? ¿Qué se supone que debo meter? ¿media llave de casa? ¿la targeta SIM de mi móvil? Y encima tenéis los santos huevos de decir "cariño! te cabe mi teléfono?" ¿Es que no ves que llevo diez minutos haciéndole punta al lápiz de la raya para poder reducir su tamaño? . "¿Me haces el nudo de la corbata?" Sí, claro, ¿Cuándo? ¿A las 6 de la mañana antes de ir a la peluquería? ¿o quizás mientras me maquillo y aprendo a llegar al lavabo en tacones sin hostiarme? En fin, que yo en otra vida quiero ser hombre. Quiero mear de pie, ser padre sin parir, no tener la regla y poder ir a bodas en pantalones con bolsillos, con el mismo traje siempre, sin maquillaje, con zapatos planos y peinándome sólo con un poco de gomina. Pero de momento no soy hombre, y superado el trance de buscar vestido, tengo que decirlo alto y claro: ME ENCANTAN LAS BODAS. Me gustan tanto que tardo días en recuperarme de la resaca emocional que me producen.

¿Qué es lo mejor de una boda? Va, sí, pensadlo un segundo...¡claro! ¡qué va a ser! ¡la mesa de los amigos! Los amigos son los que gritan, los que tiran el arroz, los que fuman puros, se emborrachan, se descamisan junto al ventilador, intentan ligar con los primos guapos de los novios, se ponen la corbata en la cabeza y bailan (con tacones o sin ellos) hasta que los echan del local. Son esa gente a la que puedes sentar en cualquier mesa porque sabes que estarán abducidos por el espíritu optimista del día de tu boda y que pase lo que pase, llueva, truene o les des huevos fritos para comer, han venido a pasárselo bien. Sería una deshonra decir que mi familia, por serlo, no haría ninguna de estas cosas (véase la entrada "los señores Señor"), pero es que yo, cuando me da por imaginarme mi boda, lo primero en lo que pienso son mis amigos. Los veo escogiendo traje, leyendo un discurso, bailando, bebiendo, persiguiendo platos cual posesos, abrazándose, ligando entre ellos o fuera de ellos y, por qué no, desnudándose en la playa a altas horas de la mañana para acabar la fiesta.

No deja de ser curioso que fuera precisamente mi abuela, a sus 87 años, la que me dijera: "Mira Clara, es que para hacer una fiesta así, tampoco hace falta casarse". ¿Y quién es mi abuela si no la mejor y la más sabia de todas mis amigas?

El sábado volveremos a vernos las caras. ¡Glamour, fiesta, verano! Pero ¿por qué sólo el sábado? En realidad imagino mi boda porque os necesito. ¡Que vuelvan los tiempos de Lloret, de las cenas en el Louise Se Va, de los 23F! Que todas las noches sean noches de boda, que todas las lunas sean lunas de miel...

John Irving - El Hotel New Hampshire

Es tan bueno que no sé ni cómo empezar a hablar de él. Me he hecho tan pequeña leyéndolo que la ya casi invisible vocación que tengo de escribir algo de vez en cuando está a punto de desaparecer por completo.

El Hotel New Hampshire es, principalmente, un culebrón en estado puro. Y ahí radica su magia: en que es capaz de enganchar tanto a los que somos aficionados a la lectura como a quienes prefieren pasar el rato viendo teleseries. Porque desde la primera página (y no exagero, es en la primera página) entras al salón de los Berry y ya no puedes salir. Los acompañas por todo un periplo hotelero en el que descubres los valores de la familia que siempre, o que nunca, quisiste tener. El secreto, en mi opinión, es el magnífico cóctel de personajes, tan bien definidos, tan bien combinados, tan bien situados...que parecen ser ellos solos, con la fuerza de sus dispares personalidades, los que van dando forma a la historia a medida que ésta avanza. Hasta que de vez en cuando paras, levantas la vista y piensas "Hey!Que detrás de todos ellos está la misma persona!" y ya no puedes hacer más que morirte de la envidia y rendirte a los pies de Mr. John Irving.

Franny la 'veterana', Frank el idealista, Lilly la escritora, un oso inteligente, un perro maloliente, un abuelo deportista y un judío soñador son algunos de los protagonistas de una historia que conmueve y engancha precisamente por su cotidianedad, por ser el retrato de una familia trabajadora que trata de hacerse un hueco en una sociedad difícil.

Sólo hay una cosa que la alejade lo cotidiano y le da el toque mágico que hace de ella un auténtico (macabro, en ocasiones) cuento de hadas. Son los sueños y el riesgo que supone perseguirlos lo que sin duda marca la vida de los Berry. El obstinado Win Berry, influido por un Freud que no será nunca "el otro Freud", convence y arrastra a su familia (perro y oso incluídos) a perseguir un sueño: transformar una escuela de señoritas en un hotel al que, aunque a priori es evidente que no tiene futuro, irán todos a vivir dando comienzo así a una larga serie de aventuras hoteleras llenas de contratiempos, alegrías, amores y desamores, descubrimientos, dolores, experiencias, desengaños, carreras y ciudades desconocidas.

Y cuando cierras el libro piensas en todos ellos. Y en tus sueños. Y en el poco tiempo que tienes para perseguirlos. Si es que en realidad no se trata de tener tiempo sino de dejarlo todo por ellos. Pero, ¿cómo? "Tienes que obsesionarte y mantener la obsesión. Y pasar de largo ante las ventanas abiertas".

Un jardín de verdad con ranas de cartón

Valencia




Benidorm 2001: : ¿Benidorm, quién está en Benidorm? Qué lejos quedaba Polonia. Y ese Dorado qué bien sonaba. ¿Dormimos en la playa? ¡A que no te atreves a bañarte vestido!. ¡Quintieri, que te duermes!

La Vall d'Uixò 2005: Pero en tren no vamos, alquilamos un coche. El último fin de semana de julio, ¡ja! ¡Que viene Alberto!¡y Roger! ¿A un concierto de Revolver? No, yo del concierto paso. ¡Goñi, una foto! Sin perder la compostura, no se vaya a pensar q somos fans histéricos. ¿Qué dices? ¿Que ha dormido en este hotel? (dónde va a dormir si no, en esta mierda de pueblo...) Siempre podremos decir que Alberto durmió debajo de Goñi. Un fin de semana de alcohol y borrachera donde Polonia ya estaba presente, ¡vaya si estaba presente! (mai, mai...), de despelote y gritos por los pasillos del hotel, de paellas que no están buenas y ex-novias puestas a parir, de fotos manipuladas (suerte que no había facebook) y paredes de papel en el lavabo...

Sagunt 2009: ¡No jodas! ¿Que tenemos que coger la salida de la Vall d'Uixò? ¡Yo una vez estuve aquí! ¿Así que te gusta mi coche nuevo? El ambiente del coche incita a charlas metafísicas. La vida, el amor, los niños, la muerte, ¿me ha pillao el radar? el trabajo, el carro delante del caballo y si dices pitos pienso flautas. ¿Damos otra vuelta a la rotonda? Don't stop me now, I'm having such a good time... ¿Dónde dices que vamos? A la montaña, a comer y beber. Bebe vino, que hace mucho frío. Y si ella estuviera...sabría repartir los regalos. Pero así es más emocionante. Qué miedo mañana ¿La Universidad Arena? ¡Sí, por favor! Que no me atrevo. Son las 5. Se respira bien con las tiritas. ¿He roncado mucho? ¡Dios, qué peste a chotuno! Propera parada: Mascletà. Me dan miedo los petardos. ¡Fachera, fachera!¡Aquí!¡una foto! Y esta es la foto de mi primera comunión. Pues esta noche dormís otra vez juntos. ¿Lo cualo? No, el Marc, que té els peus freds. Qué sueño, y el yeso se muere. No tiene gracia lo de la rotonda. ¿Qué rotonda? Este Tomtom es una mierda, mejor te acompaño. Qué maja es, fa molt per tu. ¿Dónde? ¿Aquí? Todo recto, y ya verás "Ronda de Dalt"....

Os quiero mucho, a todos y cada uno de los que habéis compartido conmigo estas escapadas al país de las naranjas (que no veas lo buenas que están!).

Una serie de catastróficas desdichas

Me prometí a mí misma que no escribiría sobre mi garrulismo al volante, pero estos días he descubierto cuánto me ayudan a sentirme mejor las anécdotas de garrulismo superior al mío, así que voy a hacerlo por el bien de los conductores novatos.

En primer lugar, hay algo que cuesta creer: hace ocho años que tengo el carnet. Pero hace unos días decidí llevarlo en secreto, ya que la cara de la gente era un poema cuando me decían "Te acabas de sacar el carnet, ¿verdad?" y yo contestaba "qué va, me lo saqué en el 2001". En estos ocho años no he conducido más que en ocasiones contadas (todas ellas con alguna anécdota que destacar), así que a la pregunta anterior he optado por contestar: "Sí, me acabo de sacar el carnet". Y mientras no me pregunten por qué no llevo la L (que la gente cuando se pone preguntona, no veas), todo perfecto.

Antes de nada, me gustaría dedicar esta entrada al más fiel amigo del conductor: querido camionero, tú que siempre cedes el paso, tú que circulas a tu velocidad permitida por tu carril de la derecha, tú que nunca adelantas a otros camiones sin poner el intermitente, tú que miras siempre por la seguridad de los vehículos de tamaño inferior al tuyo: QUE TE DEN POR CULO.

Dicho esto, hablemos de las rotondas. Una rotonda es ese trozo de tierra redondo que va de coña cuando te pierdes. Este trozo de tierra está rodeado por dos carriles. Pero seamos claros de una vez...¿uno de ellos no sobra? Si yo entro en una rotonda, y tengo previsto coger una salida (q siempre me quedan a mano derecha), tengo dos opciones:

a) meterme en el carril de la izquierda, lo cual supondrá que para tomar la salida tendré q cambiarme al carril de fuera, esperando q los q circulan por él me dejen hacerlo, y con un alto número de probabilidades de que no lo hagan y me pase la salida.

b)meterme en el carril derecho y tomar la salida tranquilamente.

Esto limita al carril interior a ser utilizado sólo para dar la vuelta entera a la rotonda. O almenos, así lo hago yo. Y, tal vez sea muy simple, pero ¿no es lo más lógico? dejaos de librito de autoescuela, q yo también me sé la norma. Hablo de la vida real.

Soy de letras puras. Traductora, profesora de idiomas, fanática de la gramática y del vocabulario. Por eso quiero desde aquí hacer un llamamiento a los programadores de Tomtoms y enseñarles la diferencia entre los verbos 'cambiarse' y 'mantenerse'. Si yo voy por el carril del medio, y San GPS dice "manténgase a la izquierda", amén: sigo por el carril del medio, entendiendo que tengo otro a mi derecha. Sólo cuando compruebo que tenía que tomar un desvío por el carril izquierdo descubro q no debía MANTENERME sino CAMBIARME. Y esto me lleva a perderme continuamente y aguantar cada dos por tres el mismo sermón sobre la inutilidad del GPS. Como me dijo el inocente de mi tío: "Para ir por Catalunya no necesitas GPS". Si supiera cuántas vueltas inútiles he dado por mi propio barrio...

El caso es que ahora conducir me supone un sufrimiento y una tensión de la que me cuesta un día entero recuperarme. Esto es normal, ¿doctor? Me tiemblan las piernas, me cogen cagarrinas, no veo los carteles y pienso que todos los coches están pendientes de lo mal q lo hago todo. Y mañana lo tengo que ir a lavar. ¡Dios!